29 nov 2015

Infancia

Cambiar el hambre por alimento;
tragar el hielo que viste nuestro océano.

Descansar colgado del trueno
que despertó al niño de papel,
al niño que llora descolorido
vacío, arrugado, sobre la tierra.

Renombrar el deterioro
y observar la imagen
que yace a los pies
de nuestro utópico universo.


*Este poema forma parte de la antología Los muchachos ebrios. Poesía jovencísima transoceánica.




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