El día en que nací
mi pecho resultó azul y helado
y cedí al llanto más pulcro,
y entristecí al silencio.
Desde entonces,
el ruido permanece intacto.
Desde aquel instante,
siempre permanece el miedo,
insultando las razones
por las que aferrarme al aire.
Siempre,
resucitando la angustia,
dando vida al hormigueo,
a la eterna sonrisa
que irrompible he cincelado
en mi rostro
mientras todo se desangra.
15/12/2016
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