Presiona tu mente contra mi pecho
y escucha el latido incesante del horror.
Estoy medio vacía de espanto
y medio llena de llanto quebrado.
Tal vez, cuando comprendas
la angustia en sí misma y reúnas sus causas
puedas oír el victorioso grito que emite
desde un interior hueco de vida.
Y aunque tus yemas no rocen
su tez de cristal ahumado y mármol,
su tez de cristal ahumado y mármol,
o sus labios de ortiga y sal,
sabrás que aquí dentro
la pelea cesó hace siglos
cuando entre agravio y desgarro
se efectuó mi desahucio.
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